Sus negros ojos la recorrieron de arriba abajo, con lentitud, recreándose en su pecho, donde los enhiestos pezones  no le pasaron desapercibidos.
 
Su mirada siguió descendiendo hasta el pubis dorado, donde los delicados rizos clamaban por una mayor atención.
 
De pronto, elevó la vista hasta fijarla en el dulce rostro de la mujer, al mismo tiempo que uno de sus dedos se movía hacia ella, indicándola que avanzara... que se acercara a él...
 
La rubia, con pasos dubitativos, se puso en movimiento acompañada de la fuerte respiración de ambos. Desnuda, indefensa, sin nada que la protegiera de la ardiente mirada de su pareja su valor iba menguando...
 
Se detuvo, atrapó sus manos en un intento fallido de esconderse del escrutinio al que era presa.
 
-No te tapes. -Tiró de su delicada mano acortando la distancia que les separaba-. No te escondas de mí nunca más.
 
La boca masculina se cernió sobre la de ella, acallando una muda protesta que no llegó a producirse.
 
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