En mi casa no entran extraños... vale, lo sé, usted ya vino el año pasado pero...
¿No le dije que no era bienvenida?
No, no me mire con esa cara...
No, no me haga pucheros...
No...

Ufffffffffffff... pero es que se lo dije, me acuerdo muy bien que no lo pasamos nada bien, que aquí la única que sufrió fui yo porque usted... ¡usted se lo pasó divinamente repartiendo todas sus...! ¡¿cosillas?! ¿Puedo llamarlas así?

A lo que iba, usted jijiji... jajaja... para arriba, para abajo y yo con un cara que no se la regalaba ni a mi peor enemiga... bueno, a lo mejor sí, pero ese es otro tema, y además yendo de esquina en esquina, acompañada del rollo de papel higiénico...

Sí, no me mire así, sus cosillas no se sacian con un simple kleenex necesitan muchos, muchos más y como no está el horno para bollos, ya sabe la crisis, lo mejor es colgarse un rollo de papel de váter y se acabó, las zapatillas de invierno, acompañadas de un par de calcetines bien gorditos y una manta encima de los hombros, mientras me apoltrono en una esquina del sofá a esperar que usted se quiera marchar.

¡No! Decididamente, no es usted bienvenida...
Que no, que no me mire así... uffffffffffff... ya sabe que soy una chica fácil...
No me ponga esas caras...

Vale... espere, voy a por el señor paracetamol... él también estaba deseando que usted llegara.
Pase y siéntese en el sofá, ya conoce la casa, Sra. gripe.