-No me mires así... ¿No ves lo que me haces? ¿No ves lo que siento? ¿Lo que añoro? ¿Lo que quiero? Te quiero a ti. Te deseo a ti.
No sueltes mi mano. No te alejes de mí. No...
-No entienes qué sucede -negué con mi cabeza-. ¡No quieres comprender!

-¡No! -me abalancé sobre él, aprisionando su cuerpo entre mis brazos-. Tú eres quien no lo entiende -el silencio se adueñó de nuestro espacio-. ¡Mírame! Te quiero....

Una lágrima se deslizó por tu mejilla, una sencilla gota de agua que terminó deteniéndose en mi dedo, que sin control sobre él, había terminado deslizándose por tu rostro.-Pero...

-Bésame. Hazme sentir viva. Quiero poder soñar contigo, con este último beso que... -tus labios se cernieron sobre los míos, impidiendo que siguiera hablando. Presionaban con la ira que tenías acumulada y que querías transmitirme, pero en el instante en el que nuestras lenguas se encontraron, la dulzura hizo su aparición consiguiendo que volvieras a ser mío.

Mío, otra vez.


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