-Joven, quiero ser joven -. Me repetía una y otra vez, mientras un rostro desconocido me devolvía una imagen extraña -. ¡Joven! -Mi frustración reverberó por las paredes del cuarto.

Una piel arrugada, estropeada decoraba una sonrisa sardónica, envuelta en un cabello blanquecino. -¿Dónde se ha ido aquella niña de coletas ? ¿Dónde se ha ido el rojo de mis cabellos?

Mi cabeza, no paraba de repetir las mismas preguntas, instando a esos ojos desconocidos que me respondieran, pero... no, esa imagen irreconocible, estática y fría, sólo me miraba, me observaba.

Mi mano derecha asió el pelo que caía sin brillo; retorcí fuertemente los mechones entre mis dedos logrando que unas lágrimas camparan libremente por mi rostro.

Observé a la mujer del espejo, ella también estaba llorando, ella también sentía mi dolor.


Hace mucho tiempo, mucho tiempo en la escuela me obligaron a leerme El retrato de Dorian Gray ( en inglés ). No me preguntéis el por qué me sigo acordando de esta historia, porque no sabría deciros la verdad. No sé si fue por el idioma en el que leí la novela, por su autor, Oscar Wilde, alguien hay que tener en cuenta siempre, o por la pasión en la que el personaje ansiaba ser joven, no envejecer.

No sé... sólo sé que me acuerdo de ella y que ahora, que pronto llegará una película basada en el relato, he recordado viejos tiempos.

Todavía no hay fechas de llegada a nuestro país, pero os dejo el tráiler para que os vayáis animando.



Sólo una cosa. Acordaos que La Juventud Eterna tiene un PRECIO :D