Una lágrima se desliza lentamente por mi mejilla buscando el descanso cálido de mi cuello, pero no se detiene, sigue buscando el apreciado escondite de mis senos. Otra lágrima intenta hacer compañía a su hermana gemela, pero no consigue su objetivo.

Tu dedo la detiene en mi cuello y tus ojos me miran preguntando lo que tu voz no sabe mencionar.

Te aproximas a mí, buscas que tu mano se acomode mejor a la forma de mi cuello, enredando ese dedo fronterizo en los rizos de mi cabello.

Tu respiración se enlaza con la mía mientras nuestros ojos bailan una desconocida sonata que acompaña nuestros desvaríos.

-¿Por qué lloras?

-Soy feliz...

En tu mirada nace un brillo de reconocimiento ante mis palabras.-Yo... también soy feliz. -Oigo el eco de mi voz en tu sencilla declaración.

Una sonrisa se disputa su protagonismo en mi rostro, pugnando con el agua dulce de mis ojos, pero la lucha está perdida...

Tus labios, dulces y salados a la vez, sellan mi sonrisa con un beso que me recuerda, por qué soy feliz.

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