Un paso.

Otro paso.

Tenía que seguir andando. Tenía que llegar a casa, quería... llegar a mi refugio.

¡Venga sigue andando! - No paraba de decirme a mí misma, aunque la fuerza del viento y la lluvia tapaban mis tristes ánimos.


El agua me empapaba. Lograba, a pesar del paraguas, que la ropa se adhiriera a mi cuerpo y que mis lágrimas se confundieran por gotas de lluvia.

Le había visto...
Estaba en nuestro lugar secreto. Rodeado de gente, feliz, contento... pero no era por mí.

Una sonrisa había aparecido en su rostro; un gesto que no veía desde hacía mucho tiempo. Pero no era para mí.

Miraba a una chica rubia. Su brazo se había posado sobre los hombros de ella, quien correspondía a sus besos.
Era ella quien conseguía ahora hacerle feliz.

Tenía que llegar a casa, quería esconderme en la cama y... llorar.

Propiedad Merche Diolch ©