Hace un tiempo mandé un breve relato para participar en un concurso.

Pues no sé qué pasó con el blog que..... plof desapareció.

Y hoy rebuscando entre mis ensoñaciones me he acordado de él.

Tendría que matizarlo un poco más pero creo que tiene un prometedor futuro de cara a crear una historia apasionante. Ya me contaréis.
Una Gran Aventura

El sonido del despertador no paraba de repiquetear en mi cabeza, no entendía como ayer se me había olvidado desconectarlo. Lo busqué en la mesilla de noche, esperando encontrarlo y que así cesara ese ruido insoportable, que no me dejaba descansar. En cuanto lo localicé lo apagué, pero el pitido estridente no paraba de repetirse. Al final mi mano asió el aparato y lo estrechó contra la pared de enfrente a la cama; me di media vuelta, tapándome con la almohada, intentando volver al reino de los sueños, cuando el pitido volvió insistente a repetirse. ¡No, no podía ser!

Me incorporé en la cama, buscando el maldito despertador, cuando la realidad me despertó de golpe. No era el despertador, era el timbre de la puerta. ¿Quién podía ser?
Mi primer sábado de descanso, tras unas semanas de intenso trabajo, me había acostado anoche con la idea de no salir de la cama en todo el fin de semana. Pero no, alguien, muy inoportuno, no cesaba en su empeño en querer hacerme salir de mi refugio.

-¡Ya voy! – mis palabras salieron de mi boca, al mismo tiempo que mis pies se posaban en el frío suelo. Me dirigí hacia la puerta, para ver la cara del culpable, antes de matarlo y así poder seguir durmiendo.

En cuanto abrí la puerta, el cuerpo de mi madre se trasladó hacia mi querido hogar.

-Ya era hora de que abrieras. Creía que me ibas a dejar fuera y que tenía que llamar a los bomberos. Y encima con este frío.

-Buenos días, mamá – la ironía iba seguida de mis palabras, pero mi madre, como siempre, no se percató de ella. Su cháchara se perdía tras ella, según se dirigía a la cocina a hacer, lo que fuera que hubiera venido a hacer.

-Venga Angie, el desayuno se enfriará. – había dispuesto dos tazas con humeante café, junto a un platito con varios cruasanes, que me decían cómeme.

-Madre ¿qué haces aquí? Esperaba poder haber dormido algo más que un par de horas. Es sábado y ya sabes que no he podido descansar en estas semanas. – Me había sentado en uno de los taburetes, enfrente de la barra de la cocina, donde estaba dispuesto el desayuno.
-Por eso mismo he venido. Para que te olvides del trabajo y pienses en ti .– Como siempre, esas palabras presagiaban algún plan donde me había incluido. - Cariño hoy es tu cumpleaños, y hay que celebrarlo – me dio dos besos y continuó con su retahíla donde me parecía oír no se qué de un paseo por el parque Central, y una comida con los primos.
Es verdad hoy era mi cumpleaños. Había estado tan liada con la exposición de la galería que mi mente había descartado este día. No podía creer que se me hubiera olvidado. Vale, tampoco es que me entusiasmase cumplir años, pero lo que me preocupaba es que me hubiera evadido de mi vida.
-Mamá creo que no me apetece mucho… Estoy cansada –la cara de mi madre era un poema, creo que, no, sé que no le gustaba lo que estaba diciendo, pero es que estaba agotada.

-Venga Angie. Hoy es un día muy especial, tendrías que estar feliz y disfrutar de él. Además, a partir de hoy tu vida va a cambiar.
-¡Sí! ¿Cómo? –en el tono irónico me estaba excediendo. Lo notaba. –El lunes volveré al trabajo y a la rutina. Mi vida seguirá siendo como siempre.
-Mira no quería contarte esto ahora. Pensaba que mejor con una comida, en un sitio concurrido, donde no pudieras montar una escena,… -mis ojos se iban abriendo cada vez más. ¿Qué podría haber hecho ahora?

-Madre ¿qué has hecho? – formulé la pregunta, con mucha paciencia, no sabía que me esperaba, pero no tenía muchos ánimos.

-Angie, cariño. Creo… -sus ojos rehuían mirarme. Lo que pasaba debía ser muy gordo, y me estaba asustando –En realidad no sabes por qué es tan importante el día de hoy.

-Es mi cumpleaños. Ya sabes que no es tan importante. Un año más –un año más vieja.

-Cariño hoy tus poderes saldrán a la luz – lo soltó de golpe, como esperando que no la hubiera escuchado.

-Hoy ¡¿qué?! – mi voz subió de volumen. Esto era lo último. No había descansado, me despierta, y encima me viene con eso.

-Angie tengo que contarte quién eres en realidad. Tú padre era un ángel –me miró esperando una reacción que no pude darla. No sé que le pasaba a mi madre hoy, pero estaba más loca que de costumbre. –Cariño, tu padre pertenecía al clan de los ángeles, esos seres alados que te describen en los libros.

-Vale, sí. Mi padre era un ángel. –No podía creer que le estuviera dando la razón, pero parecía que era la única forma de que se fuera y me dejara que siguiera durmiendo -Y ahora que más me vas a decir. ¿Qué tú también lo eres?

Sus ojos, tristes, me miraron. Era la primera vez que vislumbraba algo de tristeza en mi madre. La enloquecida y disparatada Marge. Esto era muy importante para ella, lo que me confirmó que mi madre estaba hablando en serio, o por lo menos, tenía que centrarme para poder entender qué me estaba contando. –No cariño. Yo soy una diablesa.

Lo que me faltaba. Me bajé del taburete. Mis pasos me llevaron hasta la ventana, buscando una solución a aquel disparate. No podía ser; debía estar durmiendo todavía. ¡Sí! Era eso, esto era un sueño, donde mi madre me estaba contando una historia increíble.

-No Angie, esto no es un sueño. –me giré hacia ella, ¿acababa de leerme la mente? –Sí, te puedo leer la mente. Siempre he podido. Es uno de mis poderes. –Me apoyé en el sofá, buscando un sostén para poder descansar de esta fantasía.

-Entonces… ¿dónde me deja a mí? –no podía creer que estuviera formulando esa pregunta. Pero la curiosidad ya había llegado a calar.

-Tú eres parte de tu padre y de mí. Nadie sabe cómo se mostrarán en ti los poderes, ya que eres la primera persona que conocemos como tú. – encima era la primera. No tenía suficientes problemas, que encima era un conejillo de indias.
Marge se acercó a mí. Posó una mano en mi cabello, –cariño eres la primera porque los demonios y los ángeles llevan guerreando durante siglos, y nunca ha sucedido que dos se enamoraran, como nos sucedió a tu padre y a mí. Tuvimos que huir para poder cuidarte…



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